sábado, 9 de junio de 2012

Entrevista publicada en el Ciudad Caracas, en septiembre del 2009

Caminando hacia los 30 años queremos compartir con ustedes, algunas entrevistas que se han publicado sobre Coreoarte. Esta entrevista fue publicada el 13 de septiembre del 2009 y fue realizada por Klara Aguilar Vásquez.

Coreoarte: baile, pasión y resistencia
Noris Ugueto, fundadora de la compañía de danza, habla de los 26 años de esfuerzo, lucha y también de las satisfacciones.

Cuando Noris Ugueto se refiere a la danza los ojos le brillan. Con su verbo, la mujer de piel oscura, irradia una fuerte fascinación por esa disciplina. Y sería paradójico que no fuese así. El baile habla de su vida. Ella no revela su edad, pero cuenta que su trayectoria en el mundo de la danza se remonta a Retablo de Maravillas. Esa agrupación se fundó en 1950 y luego de ochos años de actividad pasó a llamarse Danzas Venezuela. La bailarina caraqueña nacida en La Pastora y criada en la parroquia San Juan asumió la danza como un medio para revelarse contra la exclusión, para luchar por sus derechos humanos y para demostrar que el venezolano es capaz de emprender cosas maravillosas. Con esa visión entendió que la danza no sólo sirve para mostrarla en un escenario, sino que a través de ella el ser humano crece espiritualmente.
“La danza es todo en mi vida”, asegura. Y así, desde hace 26 años, Noris lo ha venido demostrado con la labor impulsada con la compañía de danza contemporánea Coreoarte que fundó con el fallecido bailarín y coreógrafo venezolano Carlos Orta.

EL ENCUENTRO
En el año 1981, cuenta Noris Ugueto, conoció a Carlos Orta. Él dictaba una clase y Noris no dudó en acudir. Llegó a las 9 am y a la 5 pm salió fascinada por lo contemplado. La creatividad de la bailarina estaba en efervescencia. Entonces, se sacudió el temor y le planteó al reconocido bailarín concebir una nueva propuesta artista, con énfasis en la danza latinoamericana y caribeña. Un año más tarde –1982– se comenzó a escribir una nueva historia sobre la danza contemporánea en Venezuela.
—¿Cómo fueron los inicios?
—La idea siempre fue crear algo que no existía. Relacionado con el folclore que también fuese una escuela donde se enseñase la técnica de la danza moderna, pero partiendo de nuestras tradiciones. Empezamos un 15 de marzo y en agosto hicimos las primeras presentaciones. Más allá de hacer un espectáculo se buscó mostrarle a la gente cómo era la formación de un bailarín.
—¿Cómo resume el trabajo realizado durante 26 años?
—Es como haber hecho una labor de 50 años. Trabajamos durísimo. Cuatro años después de nacer salimos del país. Fuimos por primera vez a Alemania. Todo fue asumido por nosotros. No teníamos dinero para viajar y compré los pasajes. En tres años los pagué con cuotas de tres mil bolívares mensuales que era como todo el dinero del mundo. Allá nos decían “coreopan”, porque comíamos pan todo el día. Sin embargo, fue un éxito y cuando me di cuenta que lo que hacíamos era bueno, la segunda vez que fuimos me llevé a diecinueve bailarines. Nosotros dormimos en cuarteles de bombero, en la calle, los muchachos se quedaban en el apartamento donde alguien hacía una fiesta hasta que amanecía. Fue duro, fue difícil. Hubo un momento que les planteé devolvernos, pero también les dije que si lo hacíamos no volveríamos nunca más, porque íbamos a tener miedo. Todos me dijeron “vamos a quedarnos”.
— ¿Ha valido la pena el sacrificio?
—Sí, porque hay un grupo personas que nunca se paró.
Que hemos enseñado a varias generaciones. Que ha llevado una labor a las comunidades. Viendo un video de nuestros inicios me doy cuenta que todos esos muchachos salieron de las barriadas. Íbamos a los sitios para acercarnos a la gente. En eso Carlos (Orta) era insistente, si tenía que ir a los cerros lo hacía, él nunca tuvo complejo con eso.
—¿Fue difícil que creyeran en ustedes?
—Era difícil con los que dirigían la cultura, porque la gente sí creía en nosotros.
—¿Cómo define a Coreoarte?
—No es un grupo sólo de danza, porque ese nunca fue el concepto. Fue como criar un hijo con otras ideas. Como decía Carlos (Orta): “la danza como pretexto para abrir otros horizontes”. Para rescatar jóvenes, para decir que sí podemos hacer algo de nivel y de altura. Y también: “un poco de venganza de mí parte”, porque había gente, como yo, que nos había costado hacer danza.
—¿En la actualidad qué está haciendo Coreoarte?
—Seguimos luchando y trabajando. Tratando de formar ciudadanos a través de la danza, porque es un vehículo para educar, concienciar y para enseñar valores. En el momento que uno siente que tiene valor está abierto a entender de dónde viene, quiénes somos y sentir orgullo, no porque eres blanco o negro, sino por lo que se hace en la vida.
—¿Cómo se trasmiten esos valores?
—Cuando uno sale del país se da cuenta que las compañías extranjeras están llenas de latinos, eso quiere decir que tenemos mucho potencial. Lo de Coreoarte es enseñar la danza para que la gente la ame. No para que la utilice, no para que la rechace porque es difícil. Transmitir valores como la solidaridad, entender que cada persona es un ser único, pero que podemos compartir para hacer algo grande.

Un hombre danza
La compañía Coreoarte tiene su sede en el Centro de la Diversidad Cultural. Es un espacio pequeño, pero acogedor. Desde allí su directora Noris Ugueto recuerda a su entrañable compañero de lucha Carlos Orta. “Estoy casada, pero él era mi otro esposo”, dice. Cuenta que mantenían una relación muy fraterna, de mucha compenetración. “Nosotros peleábamos, pero eran discusiones cómicas. Él nunca me hacía caso. A veces para contentarme me decía: “Mira lo que estoy montado”, y me derretía.Noris describe al maestro Orta como un ser humano maravilloso. “Era increíble. Quien lo conocía se enamoraba de él. Era efusivo y totalmente apasionado. Era danza, pensaba en danza y todo lo curaba con danza”. “Era profundamente revolucionario”, asoma Poy Márquez, integrante fundadora y bailarina de Coreoarte. “Una periodista que lo entrevistó en su apartamento de Nueva York, describió el lugar diciendo que tenía un cuadro del presidente Hugo Chávez rodeado de flores”, comenta Ugueto.

Hoja de vida
-Es una escuela de formación integral en danza.
-Su pilar es la danza contemporánea. De ella se deriva la tradicional venezolana, latinoamericana y caribeña.
-Dictan clases a niños a partir de los 6 años. Cobran BsF 20 mensuales.
-Su trayectoria incluye presentaciones en Alemania, Chile, Macedonia, EEUU, Emiratos Árabes, Francia, Italia, Grecia, México y Suecia.
- El bailarín fundador, Carlos Orta, falleció el 25 de mayo de 2004.

lunes, 28 de mayo de 2012

Suspendido evento La danza y su historia

Por razones ajenas a nuestra voluntad fue suspendido el evento La danza y su historia en la sala Juan Bautista Plaza.

martes, 15 de mayo de 2012

Carlos Orta desde sus palabras


 Qué mejor para expresar lo que fue Carlos Orta que sus propias palabras… Por ello queremos usar sus expresiones, sus ideas, sus pensamientos hechos líneas, para entender quién fue este personaje venezolano nacido en el barrio San Agustín de Caracas, y fallecido un día como hoy en New York en el año 2004.
  Carlos vivió en Caracas, París, New York y varias ciudades de Alemania. Su espíritu no correspondía con un ser sedentario.  “Me considero un viajero, por no decir gitano: yo he estado aquí, allá y más allá de mi tierra, pero cada vez conectado con mi origen, con mi esencia, con mi herencia indo americana (que incluye la influencia del indio Caribe, Maya, Azteca, Inca, por otra parte lo español, lo árabe, lo africano, todo eso mezclado), con una experiencia con la tradición de la danza alemana, con el trabajo de José Limón, con una cultura urbana, que podemos encontrar en cualquier ciudad del mundo.”
  “Representar mi latinidad en el marco de la cultura europea y norteamericana es una de mis metas desde que salí de este rincón del mundo: Caracas, ciudad que amo como aman los grandes amantes. Este atardecer que en estos momentos tengo la dicha de disfrutar es como un milagro en medio de todos los grandes y pequeños problemas que atraviesa mi ciudad. Nadie más puede sustituir su magia y su cerro El Ávila, mi gran y pequeño amuleto…”
  Cada experiencia que vivió se fue enlazando para estar en el lugar y en el momento preciso. Estando en Caracas, Noris Ugueto, (investigadora, caraqueña, maestra de la vida y de la danza), aborda a Carlos Orta y lo invita a crear y formar parte de un proyecto, que luego llamarían Coreoarte. “En 1983 nació lo que hoy con orgullo llevo como un fuerte estandarte, Coreoarte, Escuela Integral de Danza, con patrones construidos en el proceso se le fue dando forma a un sueño, este dio como resultado una camada de jóvenes preparados técnicamente y filosóficamente para vivir, expresar sus experiencias y tener capacidad de enseñarlas con la misma magia y dignidad con que la fueron aprendiendo.”
  Años más tarde este proyecto fue cobrando cada vez más sentido y fue logrando un lenguaje propio con contenidos muy claros, “Coreoarte rinde tributo al hombre urbano, proyectando a través de sus creaciones todas las vivencias cotidianas que el ser humano atraviesa en la metrópoli, partiendo de los pasos más sencillos hasta llegar a lo más complejo de la composición coreográfica.”
  Para el maestro Orta, la coreografía formaba parte de su vida. Llegó a realizar más de 40 piezas que hoy forman parte del legado que Coreoarte transmite a las nuevas generaciones “La inspiración llegó a mi en el momento que descubrí el movimiento y a través de éste, la vida. Lo que representa el bailar encierra lo más sublime en cuanto a expresión, no estoy lejos de mi realidad humana, cuando me atrevo a decir que el pretexto para vivir es la danza, la filosofía que me he empeñado en desarrollar no solamente como alumno, si no como intérprete y maestro, me lleva a recorrer caminos de aprendizaje exigentes, a momentos de lucidez absoluto y a momentos de suspensión, entregándome a las únicas herramientas que conozco, el cuerpo y la mente como elementos fundamentales de comunicación.”
  Cada una de sus coreografías era resultado de procesos de investigación. En ellas se reflejaba quién era este gran artista y a la vez quiénes somos como venezolanos y latinos: “yo creo que nosotros los latinoamericanos somos barrocos, que somos muchas cosas al mismo tiempo… extremos, opuestos… nosotros somos eso. Yo puedo ver esas influencias en mis  coreografías como: Retablos, Vía crucis, Soy el animal que creo, por nombrar algunas. En el movimiento mismo, pero también en las imágenes, los colores, los ciclos de cada obra que comienza con el romance, pasión, respeto, amor que he sentido  por los creadores que me han motivado con sus obras. Todo canalizado-metamorfoseado para volverse vida y hablar a otros a través de mi medio: la danza.”
  Siendo consecuente con todo lo que el bailarín, coreógrafo y maestro aprendió a lo largo de su carrera, a parte de la creatividad que lo caracterizaba, Carlos Orta sentía que debía compartir y difundir todo lo que llevaba por dentro. Una de sus pasiones fue enseñar, tal como puede dar testimonio quienes lo conocieron, lo vieron o recibieron clases con él. De sus palabras y movimientos emanaban de manera fluida grandes mensajes para la vida. “Hoy me encuentro en otro principio de camino, en otro reto que la vida me da como maestro, que no es más que seguir transmitiendo vivencias, experiencias y conocimientos para seguir construyendo caminos hermosos y fructíferos, lo que yo busco me busca, en eso estoy, buscando para aprender más, aprendiendo para enseñar más.”

Dale click a más información para seguir leyendo.